martes, 12 de mayo de 2009

Inteligencia

Hace unos días paseando por un pueblo, llegué a su plaza con sus típicos soportales y con su bar. A la puerta de este había un corro de personas conversando a la manera como se hace en los pueblos extremeños entre vecinos bien avenidos.

Su discusión giraba sobre que era una persona inteligente. Unos opinaban que era la que tenía muchos estudios, otros la que sacaba buenas calificaciones, algunos que era la que se relacionaba bien con todo el mundo y de esta forma iban surgiendo las diferentes opiniones.

En cierto momento destacó en la polémica el sentir de un paisano con muchos años, que comentó:

-¡Yo para saber quién ha sido inteligente en el pueblo no tengo más que ir al cementerio, leer las lápidas y recordar como vivió cada uno de los difuntos!

Algunos de los presentes le preguntaron que en qué se basaba para decir esto, él respondió:

-Es muy fácil, pues cada vez que miro una de estas lápidas repaso como inició su vida el difunto y como la finalizó. Así recuerdo a personas que con dinero, posesiones, formación y estudios su vida fue un cúmulo de calamidades a nivel personal, de amistades, social o laboral y añoro, sin embargo, a otros que no teniendo a penas formación sus vidas le fue bien en todos los aspectos; pero lo más importante los recuerdos como personas felices. Resaltó, para finalizar, que para él estas personas eran las inteligentes.

Ésta conversación me hizo reflexionar. Así, al llegar a casa consulté en Internet algunas páginas que trataban sobre inteligencia para ver como la definían los psicólogos y otros especialistas. Todos ellos la concretan en una capacidad mental que implica la habilidad de razonar, planear, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente, aplicar lo aprendido con eficacia y tener habilidades sociales.

Como se observa en esta definición la inteligencia no es un mero aprendizaje de lo reflejado en los libros, ni una habilidad estrictamente académica, ni una destreza para superar pruebas o las calificaciones que ponen los docentes (estos suelen valorar conocimientos) tampoco es un talento especial que se pueda medir con pruebas concretas; más bien, el concepto se refiere a la capacidad de comprender el entorno donde se vive y desenvolverse con soltura en él para lograr de esta forma ser feliz.

El paisano del pueblo tenía razón, la inteligencia y la felicidad están muy unidas pues muchos de los parámetros en los que nos basamos para definir qué es una persona inteligente también nos sirven para definir cómo se puede alcanzar la felicidad. De esta forma podemos afirmar que para saber si una persona es inteligente podemos observar si esa persona es feliz o no. No tenemos que olvidar que la felicidad es un valor universal y a él tienden todos los hombres y mujeres que pueblan la Tierra.

¡Pero esto nos lleva a otro interrogante!, ¿pero qué es la felicidad? Es esta una pregunta para un futuro artículo.



Eduardo Arrojo Martín

No hay comentarios: