Alguien me pregunta molesto, la razón por la que me refiero a la «arrogancia de los funcionarios públicos» en mi anterior artículo. Según parece tal persona, no ha entendido que no soy yo quien tal cosa dice, sino Cicerón.
¿Existen hoy los funcionarios arrogantes? ¡Naturalmente! Como existen los ingenieros, abogado, inspectores de toda clase y tipo, vendedores, albañiles, los maestros, los soldados, los médicos. Solo que en Roma, los tres últimos no eran funcionarios.
Al fin y al cabo ser arrogante, no es otra cosa que ser valiente, brioso, gallardo, altanero, soberbio y alguna que otra condición más que pueden ir unidas o separadas según que casos. Según parece el problema no está en ser arrogante, sino en el uso y con quién se haga de tal condición.
¿Por qué un maestro, soldado o médico no puede ser arrogantes? Los maestros gozaban de una consideración de la que hoy están muy lejos de disfrutar. Cuestionados por los padres y alumnos, envidiados por sus periodos de vacaciones y desprotegidos por las leyes ante acosos, insultos y maltratos. A la vista de las circunstancias en que hoy vivimos, creo que los maestros no pueden ser arrogantes en el ejercicio de su profesión. La del magisterio, era una actividad netamente vocacional. Es posible que hoy se de algún caso en el que un maestro o enseñante, sea o se sienta funcionario en sentido peyorativo. Pienso que son escasos. Claro que entonces la palabra maestro tenía otro significado, diferente de los hoy denominados Profesores de Educación General Básica -tiene bemoles el nombrecito-. Eran maestros los que poseían méritos relevantes entre los de su clase.
Tampoco eran funcionarios los soldados, honorable profesión que proporcionó la grandeza a Roma. Hoy, hay sectores que incluyen dentro del funcionariado a los militares. Desde luego no hay que remontarse a los romanos tiempos para constatar la estupidez de tal encasillamiento si pensamos en Rodrigo Díaz de Vivar, en Don Casto Méndez Núñez, aquel de la honra y los barcos; o Eloy Gonzalo, el héroe de El Cascorro, por recordar tres nombres.
Para no hacer muy larga la explicación dejaremos a médicos y otros profesionales de la pública sanidad denominados funcionarios.
Lamento que por lo que decía Cicerón hace muchos años, se pueda enfadar un funcionario de hoy. Lo lamento, pero pienso que no debo ni puedo mutilar la cita. Eso queda para los expertos del «tipex» y me viene a la memoria el mal uso que de tal adminículo hiciera, no ha mucho tiempo un funcionario de alto rango, de digital designación.
Juan cualquiera
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