jueves, 16 de abril de 2009

LINO GONZÁLEZ Senador

«Invito a todos los vecinos que quieran conocer el Senado a que me lo digan y se acerquen a Madrid»


Lino González Melitón nació en Navalmoral de la Mata en 1972. Es Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Extremadura y profesor de Educación Secundaria. Ha ejercido en institutos de Badajoz, Miajadas, La Zarza, Don Benito, San Vicente de Alcántara y Navalmoral. Afiliado al PSOE desde 1999, ha formado parte de la Ejecutiva Local en tres ocasiones, desempeñando la Secretaría de Programas y la Vicesecretaría General. Desde noviembre de 2008 es el Secretario General de la Agrupación Socialista Morala. En las Elecciones Municipales de mayo de 2007 obtuvo el puesto de concejal del Ayuntamiento de Navalmoral, donde ejerce las funciones de Portavoz del Grupo Municipal Socialista. En las Elecciones Generales de marzo de 2008 figuraba como suplente al Senado y, tras la renuncia del actual director gerente del SEXPE, Rafael Pacheco, en septiembre de 2008, se convirtió en Senador por Cáceres, aprovechando la ocasión para dar a conocer esta institución a los vecinos.

Sin duda el Senado es el gran desconocido en un país más acostumbrado al Congreso, mucho más mediático. ¿En qué consisten sus funciones y donde radica su importancia?

La Constitución reparte la función legislativa de las Cortes Generales entre el Congreso y el Senado. Al Senado se le llama Cámara de segunda lectura por que en las dos Cámaras se discuten las leyes, se proponen enmiendas, se votan vetos, etcétera. También en el Senado se presentan iniciativas de control al Gobierno, con las preguntas, interpelaciones y comparecencias, y se presentan propuestas por medio de mociones. En cuanto a funciones exclusivas, la más conocida es la disolución de Ayuntamientos que es competencia únicamente del Senado. Pero la diferencia fundamental es que el Senado es la Cámara de representación territorial, es decir, todas las provincias, independientemente de su población, eligen cuatro senadores, así se consigue que, por ejemplo, nuestra provincia, Cáceres tenga el mismo peso dentro del Senado que Madrid o que Barcelona, mientras que en el Congreso las diferencias en número de diputados elegidos es muy grande. El problema está en que es necesaria una reforma del Senado para que su funcionamiento sea distinto al del Congreso y se base en esa representación territorial.

Aunque muchos no lo sepan, el senado es un verdadero museo de historia. Háganos un poco de historia del senado y algunas de las salas más representativas con las que cuenta.

Poca gente sabe que el edificio del Senado fue el primer parlamento español, ya que en el se reunieron las Cortes tras la promulgación de la Constitución de Cádiz en 1812. El edificio era un antiguo convento y se adaptó para estas funciones. El antiguo salón de plenos se instaló en la capilla del convento, con bancos corridos al estilo inglés en el que la separación entre los bancos del Gobierno y el grupo que lo sustenta y los de la oposición es la medida de dos espadas. Más tarde, al empezar a reunirse los diputados en el Congreso, el Senado se mantuvo aquí, hasta que en 1923 la dictadura de Primo de Rivera lo disolvió. No hubo Senado en la República ni tampoco en el franquismo. La Constitución de 1978 recupera el Senado, otorgándole funciones de cámara de representación territorial. En 1991 se inaugura el edificio de ampliación, con un nuevo hemiciclo y mayor espacio para los servicios de la Cámara y los despachos de los senadores y los grupos parlamentarios. Además del salón de plenos antiguo, que ya sólo se utiliza en actos solemnes, a mí la sala que más me gusta es la Biblioteca, que sin duda es la gran desconocida del Senado, con unos fondos bibliográficos impresionantes, tanto en número de ejemplares como en la calidad de los libros que contiene, en pocos lugares del mundo se puede encontrar, por ejemplo, una primera edición original francesa de la Enciclopedia de Diderot.

¿Cómo es el día a día de un senador?

Las sesiones plenarias tienen lugar los martes y miércoles en semanas alternas. Yo suelo llegar a Madrid alrededor de las diez de la mañana, para tener tiempo de despachar la correspondencia o los asuntos pendientes antes de la reunión de grupo que se suele celebrar a las doce y media, y en la que se decide la postura que vamos a defender en cada punto del orden del día.

El pleno comienza a las cuatro de la tarde, con las preguntas al Presidente del Gobierno y a los ministros. Después comienzan las llamadas interpelaciones, que es un debate del Senador proponente con el Ministro correspondiente acerca de un asunto concreto, el pleno del martes finaliza con las mociones, en las que ya intervienen todos los grupos, y que son propuestas que realizan los senadores al Gobierno y que se someten a votación, el pleno suele acabar sobre las nueve y media de la noche. El miércoles comenzamos a las nueve y media de la mañana, siguiendo con el debate y votación de las mociones restantes, y posteriormente con los proyectos de ley, hasta que termine el orden del día, lo que suele ocurrir por la tarde. Además del trabajo en pleno está el trabajo en comisión, las distintas comisiones se convocan las semanas en las que no hay pleno, aunque también puede haber comisiones los lunes y jueves de las semanas de pleno. En las comisiones también se debaten mociones, aunque de menor importancia que las de pleno y se celebran las comparecencias de los ministros o secretarios de Estado para informar de aspectos concretos de la gestión del ministerio correspondiente. Y además está el trabajo que no se desarrolla en el Senado sino en la provincia que representas, con la asistencia a actos, reuniones de partido, reuniones con Alcaldes, etcétera.

¿Recuerda su primer día en el Senado?

Pues la verdad es que mi primer día fue como el de cualquier persona que se incorpora a algo nuevo, tienes que conocer el edificio y empiezas a enterarte de cómo funciona todo. En la reunión de grupo me presentaron a los compañeros y me encontré al lado de gente cuya trayectoria había seguido por los medios de comunicación como Matilde Fernández o Carmen Alborch que fueron ministras de los gobiernos de Felipe González o a Joan Lerma que fue Presidente de la Comunidad Valenciana y con los que ahora comparto funciones en el Senado. Al comenzar el pleno el Presidente del Senado me llamó a la tribuna para prometer la Constitución y recuerdo que ese día estaba el Presidente del Gobierno, que me dio la enhorabuena y al que estuve saludando, subí a mi escaño, y desde allí estuve siguiendo el pleno.

Ha manifestado su deseo de, aprovechando su cargo, dar a conocer el Senado a los vecinos...

He invitado a varios centros educativos de Navalmoral y de la zona a hacer una visita al Senado. Creo que es importante que los chavales conozcan las instituciones democráticas desde dentro, para que lo vean como algo cercano. También han venido a conocer el Senado algunos compañeros del partido y otros amigos. Desde aquí invito a todos los moralos que quieran conocerlo a que me lo digan y se acerquen un día a Madrid.

¿Le gustaría repetir experiencia?

La legislatura acaba de comenzar y yo llevo tan sólo seis meses en el Senado, es un poco prematuro. De todas formas nunca había pensado ser Senador y es algo que tampoco pedí, sino que fueron los compañeros del Comité Provincial del PSOE los que me propusieron. Lo más sensato es esperar a las siguientes elecciones, ver las circunstancias que se dan en ese momento y, si el partido sigue confiando en mí, ya se pensará y se decidirá lo que corresponda.

Usted también es concejal y portavoz del Grupo Municipal Socialista. Si tuviese que elegir entre política local y nacional, ¿con cual se quedaría y por qué?

He dicho antes que nunca pensé en ser Senador, pero ser Concejal de Navalmoral sí que me hacía y me sigue haciendo mucha ilusión. Sin duda prefiero la política local, porque se ve más directamente la acción que se desarrolla desde la política, los efectos que tienen determinadas decisiones, puedes ayudar al ciudadano, resolverle un problema, mientras que en la política nacional todo eso queda más diluido.

Al hilo de...

Senado por JAV

Gracias a los historiadores, sabemos que en nuestra España prerromana, algunas comunidades se regían por una asamblea de hombres libres o por un consejo de ancianos aristócratas. No todo eran reyezuelos. En concilium o senado se reunían para decidir casos de gran relevancia: tratar la paz,

declarar la guerra, nombrar embajadores o designar un militar con poderes especiales para despachar con el dios MARTE que, en más de una ocasión, acabó creyéndose su encarnación en la tierra... Ciertamente, no estábamos tan alejados

políticamente del senado romano, magistratura que ampliará sus poderes conforme avancen sus relaciones comerciales, hasta ostentar los típicos atributos del poderoso: las finanzas (el oro) y la suprema jefatura militar (la espada y el palo).

El poder político residía en ese grupo de próceres, legitimado para prohibir la asociación política de las Bacanales o, incluso, expulsar de Roma a los filósofos y retóricos griegos, mediante sendos senadoconsultos. Hoy, nuestra última Constitución - esa que debía cerrar el capítulo de la guerra civil y su epílogo, la dictadura - ha reservado al Senado sólo dos funciones, aunque graves. Por una, podrá verse en el trance de tener que aprobar las concretas medidas que el Gobierno le indique, para obligar a una Comunidad Autónoma rebelde a que cumpla sus deberes constitucionales o legales o deje de atentar gravemente al interés general. Ejerciendo la otra, podrá vetar las leyes que pretendan armonizar las

disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, sin que su veto pueda ser levantado por el Congreso. Esas son sus dos únicas y específicas funciones. Pueden leerse en los arts. 151.1 y 150.3 de la Lex Normarum. El resto están compartidas y sometidas al Congreso, de ahí que nos cuestionemos, como ALZAGA, para qué queremos actualmente una Cámara Alta carente de rol político.

Y, ya puestos, nos preguntamos por qué se vienen trayendo a los medios de comunicación debates impostados sobre futuras modificaciones constitucionales, de menor enjundia y calado que la urgente reforma que debe modernizar el Senado,

para otorgarle una función real que contribuya al abordaje de los grises problemas diarios y los negruzcos que se avecinan. Los que de esto saben, dicen que el actual bicameralismo asimétrico, trae causa en una inercia histórica que provocó que los constituyentes pactaran el mantenimiento del Senado con funciones históricas que, a la luz de la realidad social española del último cuarto del s. XX, resultaban de todo punto anacrónicas y, por tanto, inútiles.

La Alta Cámara nació tullida. Pero, como no hace grandes aspavientos – a lo más, hoy se despereza ante el punzante parlamento del senador Pío GARCÍA ESCUDERO - podrá pasar desapercibida otros 31 años más, aunque todos los tratadistas coincidan en explicar que, salvo que sea reformada, en realidad, sobra


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