Uno que ya ha rebasado la barrera de la cincuentena y que por lo tanto no se considera una victima de la Logse ni disposiciones posteriores, no deja de asombrarse y sonrojarse con la proliferación de agresiones físicas y verbales además de otras lindezas que, cada vez con mayor frecuencia, padecen médicos, maestros y funcionarios en general, en principio por el simple hecho de hacer su trabajo y algunos incluso por gustarles.
Como en otros aspectos de la vida, estoy convencido que tanta permisividad y no atajar en su momento la incipiente agresividad de algunos comportamientos, nos ha llevado a una situación que, cuanto más tardemos, más difícil será de controlar.
Recuerdo que en mis tiempos mozos, mi maestro era simplemente eso: mi maestro. Una figura reverenciada y respetada a la que se le presuponía la autoridad suficiente como para que mi padre le encomendara mi formación y algo de mi educación, el resto ya me lo suministraba él en casa. Y hay de mí si se me ocurría contar algún correctivo de los que me ponía mi buen Don Armando por mi tendencia natural al gamberreo, mi padre, en automático y sin derecho a apelación, me colocaba otro.
De este decorado, hemos pasado al polo opuesto sin detenernos en una estación intermedia que la prudencia, la mesura y, sobre todo, la salud de nuestra sociedad recomendaría.
En estos tiempos modernos, algunos padres de un monstruito de poco más de tres palmos, no solo se consideran (haciendo alarde del conocimiento justo para pasar el día) con el derecho de cuestionar la aptitud pedagógica de un profesor, sino que enseñan a su cachorro que debe tenerle el mismo respeto que a los botes que patea camino del colegio. Dios nos libre si, además, resulta elegido miembro del consejo escolar algún iluminao que aspire a pasar a los anales del centro como el Guerrero del antifaz o lo que es peor La Masa. Ese sí que, a la luz de su misión celestial y Erga omnes, arremeterá contra todo el estamento educativo, las administraciones públicas e incluso el conserje.
Y que decirles del personal sanitario, además de todo lo anteriormente expuesto y las especiales circunstancias de su trabajo, deben padecer el acoso del Doctor Internet, herramienta mediante la cual cualquier descerebrado con ADSL se puede construir un diagnostico alternativo que ponga en solfa los conocimientos de diez años de carrera más lo que cuelga.
Tres siglos antes de Cristo, ya la « Lex Aquilia» contemplaba el resarcimiento de los daños producidos por culpa o negligencia, incluso nuestro vilipendiado código civil lo recoge y desarrolla. Así pues es de justicia que, dos mil trescientos años después, nos pongamos manos a la obra para evitar esta ignominia. La potestad es de nuestros representantes, la autoridad debe ser nuestra y es, sobre todo, de los miles de profesionales cabales que, además de un empleo, tienen una profesión.
Claudio
Como en otros aspectos de la vida, estoy convencido que tanta permisividad y no atajar en su momento la incipiente agresividad de algunos comportamientos, nos ha llevado a una situación que, cuanto más tardemos, más difícil será de controlar.
Recuerdo que en mis tiempos mozos, mi maestro era simplemente eso: mi maestro. Una figura reverenciada y respetada a la que se le presuponía la autoridad suficiente como para que mi padre le encomendara mi formación y algo de mi educación, el resto ya me lo suministraba él en casa. Y hay de mí si se me ocurría contar algún correctivo de los que me ponía mi buen Don Armando por mi tendencia natural al gamberreo, mi padre, en automático y sin derecho a apelación, me colocaba otro.
De este decorado, hemos pasado al polo opuesto sin detenernos en una estación intermedia que la prudencia, la mesura y, sobre todo, la salud de nuestra sociedad recomendaría.
En estos tiempos modernos, algunos padres de un monstruito de poco más de tres palmos, no solo se consideran (haciendo alarde del conocimiento justo para pasar el día) con el derecho de cuestionar la aptitud pedagógica de un profesor, sino que enseñan a su cachorro que debe tenerle el mismo respeto que a los botes que patea camino del colegio. Dios nos libre si, además, resulta elegido miembro del consejo escolar algún iluminao que aspire a pasar a los anales del centro como el Guerrero del antifaz o lo que es peor La Masa. Ese sí que, a la luz de su misión celestial y Erga omnes, arremeterá contra todo el estamento educativo, las administraciones públicas e incluso el conserje.
Y que decirles del personal sanitario, además de todo lo anteriormente expuesto y las especiales circunstancias de su trabajo, deben padecer el acoso del Doctor Internet, herramienta mediante la cual cualquier descerebrado con ADSL se puede construir un diagnostico alternativo que ponga en solfa los conocimientos de diez años de carrera más lo que cuelga.
Tres siglos antes de Cristo, ya la « Lex Aquilia» contemplaba el resarcimiento de los daños producidos por culpa o negligencia, incluso nuestro vilipendiado código civil lo recoge y desarrolla. Así pues es de justicia que, dos mil trescientos años después, nos pongamos manos a la obra para evitar esta ignominia. La potestad es de nuestros representantes, la autoridad debe ser nuestra y es, sobre todo, de los miles de profesionales cabales que, además de un empleo, tienen una profesión.
Claudio
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